Dia cuatro
(jueves 28 de Julio/2005)
Despertamos muy en la mañana, el dueño de la casa donde dormimos, no quiso cobrarnos por la estadía, lo agradecimos y cargamos nuestras mochilas para ir a desayunar.
Nuestra siguiente parada será Las Golondrinas…
Fuimos al taller de bicicletas para chequeo general de todas las bicis y partimos.
Avanzamos a buen ritmo, el camino es excelente, casi no hay cuestas que subir, ahora si voy junto al grupo; personalmente disfruté mucho del paisaje pues es muy propio de un lugar cálido; palma africana, bambú, chonta, palmito son los principales cultivos a nuestro paso.
E
l viaje continúa por interminables vías que se pierden en el horizonte próximo, siete luchadores sobre caballitos de metal, un espíritu ardiente como el sol y tan libres como el viento que refresca nuestros rostros llenos de sudor.
Al fin lo tan anhelado; un pueblo se dibuja ante nuestras ansiosas miradas; nos detenemos un momento para la foto del recuerdo, luego avanzamos, todos estábamos felices; Héctor hasta se dio una vuelta olímpica por el parque de ese pueblito; todos pensábamos haber llegado a las Golondrinas; fuimos a una tienda para comprar una cola y mientras tomábamos le preguntamos a la dueña de la tienda como se llamaba ese lugar y para nuestra sorpresa nos encontrábamos en Buenos Aires, el cual está ubicado a pocos minutos de las Golondrinas, prácticamente nos faltaba cruzar el puente que une las provincias de Imbabura y Pichincha.
Así avanzamos hasta cruzar el puente y llegamos a las Golondrinas, el río Guayllabamba aquí es mucho más grande, hasta ahora hemos cicliado unas dos horas desde la mañana.
Al llegar fuimos con Walter a buscar un lugar donde descargar las fotos, pues la cámara estaba llena, luego buscamos donde hospedarnos y así nos preparamos para salir a almorzar y luego a caminar por el pueblo.
Luego de tomar un refresco, Héctor y yo fuimos a visitar un vivero forestal.
Hoy no merendamos en un restaurante, solo fuimos a una tienda a comprar una cola, galletas y mermelada, el presupuesto es cada vez más bajo; creo que eso es algo que tenemos que ir corrigiendo en el futuro, aunque no es producto de una mala planificación sino mas bien del nivel económico de los participantes.
Caminamos hasta muy tarde en la noche conociendo cada calle del pueblo y como siempre haciendo chistes y riendo mucho.
Héctor P. se irá mañana de vuelta a Cuellaje, pues tiene otros compromisos con su familia y debe estar allí.






