Dia tres

(miércoles 27 de julio del 2005.)

Nosotros (Héctor y yo) desayunamos en casa de Don Luís Navarrete y los demás en casa de Leonardo Ayala…

Nos des­pedimos de nues­tros pai­sanos y parti­mos a las 09 de la mañana, y cami­namos por una camino imposible de accederlo en bicicleta rumbo al Río Guayllabamba en donde teníamos que cruzarlo en tarabita; Geovany A, estaba muy nervioso al saber que tendría que pasar por esa tarabita, pero luego de que vio que el asunto no era na­da imposible pasa­mos juntos, al llegar a la otra orilla del río ya estábamos en territorio de la pro­vincia de Pichincha; atrás queda nuestra querida Zona de Intag.

Lo que viene es algo que ya me pone a pensar, una subida de al menos media hora en bicicleta y el sol ya había empezado a subir la temperatura, pues es un día muy despejado y caluroso, he inten­tado ir a la cabeza del grupo pero no tengo la suficiente resistencia, aunque debo admitir que he mejorado en algo mi nivel.

En la mañana había olvidado llenar mi po­mita de agua y por ello un poco más de media subida el agua me ter­minó y yo sudaba de­masiado, estaba secándome; junto a la carretera estaban dos niños, me detuve, los salude y les pregunté si había agua por el lugar, uno de ellos me ofreció darme trayendo y no le di mi pomita para que la llenara, no demoró casi nada cuando ya estuvo de vuelta, les agrade­cí mucho por el favor y continué ; mi compañero habían llegado al fin de la subida y estaban esperándome y también refrescándose.

Pedaleamos un poco mas y al fin el primer pueblito; se llama Mas­hpi; llegamos a una tienda para comprar agua y charlamos por un momento con la dueña quien para nuestra sorpresa era familiar de Walter, aun que un poco lejana pero era familia.

Avanzamos un poco mas hasta un sector llamado Pachijal; allí vive un Tío de Walter pero cuando llegamos solo estaba su esposa y sus hijos y nos brindaron una rica cola helada, mientras tanto fuimos a conocer el lugar, caminamos y luego buscamos un teléfono para reportarnos a nuestras familias.

Mientras dialogábamos con la señora de la casa, llegó el tío de Wal­ter (Moisés Granizo) quien se alegró al ver a su sobrino y se sentó cerca de nosotros y conversamos mucho y también nos invitó a que­darnos esa noche en su casa.

Luego nos invitaron al almuerzo muy rico por su­puesto y el in­faltable aguado de panela (re­fresco de panela), Conversamos con el grupo sobre la propuesta de quedarnos esa noche y decidi­mos avanzar, pues era temprano y habíamos recorrido apenas dos horas.

Pedaleamos y pedaleamos, por nuevas tierras con paisajes muy dife­rentes a los que estamos acostumbrados a ver en Cuellaje, las plan­taciones de palmito es muy popular en el lugar, son tierras calientes y la construcciones de las casas son también diferentes.

Después de más de tres horas de viaje llegamos hasta una población llamada La Celica a las 16:30H, todos estábamos muy agotados, es­pecialmente yo, hasta ahora es el día que más largo hemos recorrido.

Nos sentamos en el parque para descansar, luego fuimos a la tienda y mientras bebíamos el agua conversábamos con el dueño de la tien­da; le preguntamos si conocía algún lugar donde podíamos quedar­nos, nos dijo que no había residenciales, así que el nos ofreció pres­tar un cuarto para que pasemos la noche y un lugar donde guardar las bicicletas, mientras tanto Walter y yo fuimos a buscar un taller de bicicletas para cambiar el brazo de mi bicicleta que ya no servía mas…el mecánico lo arregló y mientras volvíamos a donde estaban los demás compañeros buscamos un lugar donde ir a merendar esa noche; después decidimos ir al río para darnos un baño y lavar al­go de ropa.

Luego fuimos a merendar y el buen humor nunca falta en el grupo, siempre hay bromas; al volver fuimos a la peluquería de aquel pueblo porque Walter deseaba hacerse un corte de cabello.

Rumaldo tiene un poco de do­lor el pecho a causa de la caída que tuvo el primer día del viaje.

Marco Torres se ve un tanto preocupado o algo triste, tal vez extraña a alguien, pero no ha dicho nada al respecto.

Esa noche dormimos profundamente, todos estábamos cansados.

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